Actualmente, el arte flamenco goza de una salud encomiable en Catalunya. No obstante, no se trata de un hecho esporádico ni aislado en su historia, sino que es el resultado de una presencia constante y permanente durante los dos siglos y medio de vida que este arte tan esplendoroso tiene en Catalunya. Los núcleos urbanos y las zonas costeras han estado los principales focos donde se ha concentrado una mayor actividad.
La historia del flamenco en Catalunya cuenta con una bibliografía poco extensa, pero muy relevante por su calidad; la mayoría aportada durante la última década, con trabajos pioneros todos ellos realizados con rigor y con un serio carácter investigador. Autores como Francisco Gómez Hidalgo, Eloy Martín Corrales, Eugenio Cobo, Rafael Núñez Ruiz, Rafael Morales Montes, Luís Mayo, José Blas Vega, Josep Ache, María Jesús Castro, Matías López López o Josep Tort i Bardulet, entre otros. Aprovechamos pues la ocasión para destacar la valiosa aportación que todos ellos han realizado en el campo de la historia del flamenco en Catalunya.
La llegada del flamenco en Catalunya se sitúa a mediados del siglo XIX, es decir, ya desde los inicios del género. Ha habido dos factores fundamentales para la introducción y el posterior desarrollo de esta cultura en Catalunya: por un lado, la inmigración andaluza, tanto de gitanos como de payos i, por otro, los gitanos catalanes.
Aunque su máximo exponente fue durante la década de 1960, la inmigración andaluza en Catalunya se remonta al siglo XIX, este factor potenció la cultura del flamenco en Catalunya, dado que el andaluz inmigrado siempre ha sentido la necesidad casi vital de reencontrarse con sus raíces, su música y su cultura popular.
La presencia de los gitanos catalanes asentados en barrios como Gràcia, Somorrostro, Sants, la Mina o en la ciudad de Lleida, entre otras, es también un hecho esencial. Los gitanos catalanes, sintiendo una gran admiración por el talento extraordinario de los gitanos andaluces, han hecho del flamenco su identidad racial y su insignia cara al mundo.
A esta situación se añade el hecho de que el flamenco y toda la temática andaluza, va adquiriendo mucho interés entre los artistas catalanes. Pintores, escultores, escritores y músicos quedan cautivados por esta nueva tendencia de finales del siglo XIX, inicios del siglo XX. Artistas como Isidre Nonell, Ricardo Canals, Anglada Camarassa, Rusiñol, Ramon Casas, Rafael Duran Camps, Manel Hugué, Pedrell, Granados y Albéniz, entre otros, adoptan el flamenco y todo lo relacionado con Andalucía como parte de su fuente de inspiración. Catalunya vive pues un proceso de transculturación.