A partir de este momento el flamenco se convierte en un arte con clara explotación comercial. Esta profesionalización aportó también al género una competitividad muy positiva entre los artistas; se creó mucha afición y singularidad entre los cantaores que, poco a poco, fueron desarrollando las variedades estilísticas personales i crearon nuevos estilos de cante. Fue en los cafés cantantes donde se asentó la rítmica, la estructura, las cadencias armónicas y la forma definitiva que define cada uno de los palos (estilos) del flamenco, y consecuentemente, la configuración del clásico cuadro flamenco, formado por cante, toque y baile. Este período estableció las bases que actualmente se conocen como clásicas.
Los cafés cantantes más antiguos tienen su precedente en el café moderno, fruto de la nueva moda europea, de influencia parisina y que puso de moda el café-concierto. Son espacios que estéticamente responden al ideal de exotismo de la época, que encontraba un reclamo ineludible en Andalucía i en sus costumbres. Se combinaban les tertulias, propias de un café, con espectáculos musicales y, en Barcelona, pronto se adoptó esta nueva tendencia. En el siglo XIX, la ciudad condal se encontraba a las puertas de la primera exposición universal (1888) y mantenía una relación comercial y humana muy intensa con Andalucía. Barcelona vivía les circunstancias idóneas para el asentamiento definitivo del flamenco en Catalunya.
En 1840, se abrió el Café de les Set Portes, al paseo de Isabel II; fue fundado por el empresario Josep Cuyas y actualmente aún sigue abierto.
En Las Ramblas aparecieron, entre otros, el Café de las Delícias, de las Cuatro Naciones, el Francés y, ya en el siglo XX, el Café de Lyon d’or, del Comercio, Café del Rincón, denominado posteriormente Café Nuevo y, más tarde, Americano. Y en la zona de Plaça de Palau abrieron el Café Neptuno, del Vapor, de la Constitución, etc.
Fue en estos espacios donde, junto con la canción andaluza y la zarzuela se empezó a introducir el flamenco en Catalunya. Con el tiempo, algunos cafés cantantes se reconvertían en teatros, con una programación estable. Esta época fue muy rica en actuaciones, con grandes figuras del flamenco que actuaban en los cafés cantantes más prestigiosos de Barcelona.
En 1901 había 74 cafés cantantes, y en octubre de 1911, 145. Los empresarios catalanes encontraron en estos locales un negocio muy rentable i esta moda llegó a otras zonas de Catalunya, como por ejemplo la ciudad de Sabadell, donde abrieron el Café Soler y el Café de la Cervecería. En 1916, existían ya en Lleida el Royal Concert y el Café París, ambos con actuaciones de cante y baile flamenco. |