La posguerra no fue una época próspera ni brillante para el género flamenco en Catalunya. El franquismo creó un estereotipo muy negativo de lo español que implicaba la imagen del arte flamenco y la perjudicaba cada vez más. La etapa de la ópera flamenca también favoreció este tipo de etiqueta, dado que se mezclaba el arte flamenco con copla, el cómic y otras variedades.
Entre 1950 y 1970, casi 900.000 andaluces inmigraron a Catalunya. Representaban el 17% de la población catalana y se asentaron mayoritariamente en las comarcas del Vallès, Barcelonès y el área metropolitana de Barcelona, formando grandes concentraciones urbanas.
En consecuencia a esta masa inmigratoria, surgieron las peñas flamencas, entidades de una relevancia fundamental para la recuperación y dignificación del género flamenco en Catalunya.
Las peñas flamencas se iniciaron en Andalucía, como puntos de encuentro sociales y de actividad artística del flamenco. En Catalunya, sus inicios vinieron provocados por la necesidad que tenía el andaluz obrero inmigrado de reencontrarse con su cultura y su gente.
Progresivamente, las peñas fueron adquiriendo un formato y una organización de espectáculos y actividades constantes. En sus locales se han formado destacados artistas flamencos de la nueva generación, y gracias a iniciativas suyas, han surgido concursos, festivales, conferencias, semanas de estudios flamencos y múltiples actividades de notable importancia para el desarrollo de este arte. Por otro lado, no podemos olvidar que en las peñas flamencas han actuado la mayoría de las grandes figuras del género.
En Catalunya se crearon una gran cantidad de peñas durante las décadas de 1960 y 1970, sobretodo en las grandes concentraciones urbanas. En Cornellà, la primera peña fue la llamada Peña Fosforito, y posteriormente surgieron la Peña José Menese, Los Cabales, Pansequito y Los Aficionaos. En Badalona, la primera fue la Peña Juan de Arcos; en Hospitalet de Llobregat, la Peña Antonio Mairena y Niño de Baena; en Barcelona, la Peña Manolo Escobar y en Sant Boi de Llobregat la Juanito Valderrama, por citar algunas. La lista completa sería muy extensa y incluiría ciudades catalanas como Manlleu, Sabadell, Cerdanyola, Mollet, Lleida, etc.
De manera paralela, surgieron otras asociaciones andaluzas o Casas de Andalucía donde también se organizaban actividades culturales entorno al arte flamenco.
Pero el gran mérito de las peñas flamencas catalanas está en el hecho de que han subsistido de forma prácticamente independiente, en ambientes muy cerrados, sin integrarse socialmente y, aún así, han sabido extenderse y vivificar el arte flamenco en Catalunya.
Por lo tanto, no está de más afirmar que si hoy Barcelona y Catalunya ocupan un lugar tan destacado en el panorama flamenco es, en buena parte, gracias a la tarea llevada a cabo por las peñas flamencas.