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El flamenco en Barcelona
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10/11/2008
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Flamenco con barretina. La búsqueda del cante tradicional catalán se extiende de Lleida a Perpiñán y Barcelona
Qué difícil es imaginar el flamenco, tan identificado con Andalucía, como parte de la cultura tradicional catalana. La investigación que desarrolla desde hace más de diez años el historiador Manel Ponsa apunta, sin embargo, en esta dirección. Tarantas, rondeñas, farrucas y tangos compuestos en catalán o caló se cantaban ya, como mínimo, en el siglo XIX. “Se trata de composiciones que forman parte del repertorio íntimo de algunas familias gitanas catalanas, asentadas en el territorio desde hace casi 600 años, y que poco a poco vamos descubriendo”, dice Ponsa.
 
Flamenco con barretina. La búsqueda del cante tradicional catalán se extiende de Lleida a Perpiñán y Barcelona

Con la ayuda de Antonio Salazar, presidente de la Unión Gitana de Lleida, y de Ramon Vallès, productor musical y audiovisual, desempolvaron primero canciones de Lleida y Figueres. Recientemente han encontrado también temas en Barcelona y Perpiñán.

Si ya ha quedado claro que existe rumba histórica en catalán anterior a la Guerra Civil –y por lo tanto, también a Peret, que se autoproclama el inventor de la rumba catalana-, el equipo que encabeza Ponsa se encarga ahora de sacar a la luz el flamenco tradicional que ha nacido entre el Mediterráneo y el Ebro. Y es que la cultura catalana “es más compleja de lo que nos han hecho creer”, dice.

Los gitanos llegaron a la península Ibérica en la primera mitad del siglo XV. En 1425 el rey Alfonso de Aragón firmó un salvoconducto de bienvenida al pueblo gitano que les permitía moverse con libertad por todo el territorio de la antigua corona. Desde el noroeste, se extendieron por la Península, con mayor presencia en Andalucía. Pero buena parte de ellos se quedó en Catalunya. Estos sólo hablaban en catalán y caló hasta principios del siglo XX.

Aunque los gitanos no trajeron el flamenco consigo, sí que contribuyeron de forma especial a su gestación. Las bases musicales ya estaba en la Península y los gitanos las asimilaron y pusieron su esencia. Ponsa trabaja con la hipótesis de que en alguna parte del camino evolutivo de esta música, el flamenco catalán se desligó del andaluz y evolucionó en paralelo, desmintiendo la idea de que el flamenco llegó por primera vez a Catalunya de la mano de los inmigrantes andaluces de la década de 1950 y 1960.

¿Por qué entonces la rama catalana del cante ha permanecido oculta tanto tiempo? Según el historiador, la doble discriminación que sufrieron los gitanos catalanes a lo largo de los años – por el hecho de ser gitanos y por ser catalanes, desde la pragmática de Medina del Campo que firmaron los Reyes Católicos en 1499 hasta la dictadura franquista – provocó que guardasen ese repertorio para sí.

La represión franquista acabó de hundir ese legado artístico de Catalunya. La dictadura prohibió el catalán y además utilizó el flamenco andaluz como unificador de la cultura española, lo folklorizó. “Esto ha hecho que aún hoy parte de la sociedad rechace el flamenco y lo relacione con el franquismo”, afirma Lluís Cabrera, director del Taller de Músics, que apoya la hipótesis de Ponsa.

El flamenco catalán quedó oculto en el seno de las familias y hasta hace poco no ha vuelto a aflorar. En el año 2003 Ponsa encontró unos manuscritos de un patriarca gitano de Lleida, l’Oncle Àngel, que, según cuentan, era primo segundo del abuelo de Peret. L’Oncle Àngel, seguidor de Macià que estuvo a punto de ser ejecutado tras la Guerra Civil, escribió en ortografía natural – tal como hablaba – su repertorio familiar. Se trata de los primeros documentos escritos del cante catalán. Entre los temas destacan varios palos del flamenco.

Las canciones de l’Oncle Àngel se adaptaron con la ayuda de gitanos viejos de Lleida y se recopilaron en el disco “Rumberes dels Garrotan” junto con otros temas tradicionales, como “L’herba bona”, que comienza: L’herba bona se cria / se cria pels artorsés / Jo també me criaria / als braços de la muller.

A raíz de ahí se descubrieron otras composiciones. Toda la información se ha plasmado también en el documental “Cartes de l’Oncle Àngel”, que ha producido Ramon Vallès. “Lo más interesante es que cada vez descubrimos más flamenco tradicional, tenemos más canciones y preparamos un segundo documental”, explica Vallès.

La segunda fase de la investigación se centra en el cante de Barcelona. Por ahora han identificado un tema, “El meu barri de Plaça Espanya”, que ha interpretado para ellos el cantaor Joan Clota, El Nen, de la comunidad gitana del barrio Hostafrancs. Mediante análisis de texto ponsa averigua si se trata de composiciones modernas o no. En este caso, la composición data como mínimo de la década de 1940, pues menciona a Caracol y Lola Flores. A finales de noviembre el equipo se dirigirá también a Perpiñán, donde algunas familias gitanas les mostrarán piezas de cante y baile.

Las referencias históricas del flamenco tradicional catalán son, sin embargo, más antiguas que los manuscritos de l’Oncle Àngel, que datan de finales de 1960. En el siglo XIX, Prospèr de Mérimée escribía en su libro “Viajes por España”: “Pero no estoy en España y seguramente a mil leguas de Andalucía, aunque haya en esta tierra gitanos y guitarras (…). Ayer vinieron a invitarme a una tertulia con motivo del alumbramiento de una gitana… había tres guitarras, y cantamos en caló y en catalán. La reunión la componían cinco gitanas, una de ellas bastante guapa, y otros tantos hombres de la misma raza; los demás eran catalanes, ladrones – supongo – o chalanes, que viene a ser lo mismo. Nadie hablaba en español y apenas entendían el que yo hablaba. Intercambiamos algunas ideas en caló que agradaban mucho a la honorable compañía. “És dels nostres, decían”. Y continúa: “Las canciones, que me eran ininteligibles, tenían el mérito de recordarme Andalucía.”

En esta línea, el autor catalán Juli Vallmitjana publicó en 1908 la novela “Sota Montjuïc”, en la que describe también el repertorio flamenco de los gitanos de Barcelona, del que menciona dos palos: los tangos y la farruca. Las canciones que describía estaban escritas en caló.

Aún así, hay controversia entre los que defienden la existencia del flamenco tradicional catalán y los que no, como el propio Peret. Lluís Cabrera explica en el documental que es normal que haya un cante catalán, ya que todas las provincias bañadas por el Mediterráneo, han mantenido contacto de forma histórica, también en el tema artístico. A partir de la misma raíz nacieron las diferentes ramas del flamenco, cada una con sus influencias, opina. “Todavía hemos de investigar más y comprobar hasta qué punto el flamenco catalán estuvo influenciado por el que se publicaba en castellano”, añade Ponsa. Para ello deberán ampliar el repertorio recuperado, algo que no es fácil porque los gitanos catalanes tienen “muy interiorizado que esas canciones pertenecen al ámbito privado y les cuesta mostrarlo”, afirma Vallès. El esfuerzo vale la pena, dicen los impulsores de la iniciativa, porque rescatan una parte olvidada de la cultura catalana, replantean la historia del flamenco y cuestionan la homogeneidad fingida.
La búsqueda del cante tradicional catalán se extiende de Lleida a Perpiñán y Barcelona

Qué difícil es imaginar el flamenco, tan identificado con Andalucía, como parte de la cultura tradicional catalana. La investigación que desarrolla desde hace más de diez años el historiador Manel Ponsa apunta, sin embargo, en esta dirección. Tarantas, rondeñas, farrucas y tangos compuestos en catalán o caló se cantaban ya, como mínimo, en el siglo XIX. “Se trata de composiciones que forman parte del repertorio íntimo de algunas familias gitanas catalanas, asentadas en el territorio desde hace casi 600 años, y que poco a poco vamos descubriendo”, dice Ponsa.

Con la ayuda de Antonio Salazar, presidente de la Unión Gitana de Lleida, y de Ramon Vallès, productor musical y audiovisual, desempolvaron primero canciones de Lleida y Figueres. Recientemente han encontrado también temas en Barcelona y Perpiñán.

Si ya ha quedado claro que existe rumba histórica en catalán anterior a la Guerra Civil –y por lo tanto, también a Peret, que se autoproclama el inventor de la rumba catalana-, el equipo que encabeza Ponsa se encarga ahora de sacar a la luz el flamenco tradicional que ha nacido entre el Mediterráneo y el Ebro. Y es que la cultura catalana “es más compleja de lo que nos han hecho creer”, dice.

Los gitanos llegaron a la península Ibérica en la primera mitad del siglo XV. En 1425 el rey Alfonso de Aragón firmó un salvoconducto de bienvenida al pueblo gitano que les permitía moverse con libertad por todo el territorio de la antigua corona. Desde el noroeste, se extendieron por la Península, con mayor presencia en Andalucía. Pero buena parte de ellos se quedó en Catalunya. Estos sólo hablaban en catalán y caló hasta principios del siglo XX.

Aunque los gitanos no trajeron el flamenco consigo, sí que contribuyeron de forma especial a su gestación. Las bases musicales ya estaba en la Península y los gitanos las asimilaron y pusieron su esencia. Ponsa trabaja con la hipótesis de que en alguna parte del camino evolutivo de esta música, el flamenco catalán se desligó del andaluz y evolucionó en paralelo, desmintiendo la idea de que el flamenco llegó por primera vez a Catalunya de la mano de los inmigrantes andaluces de la década de 1950 y 1960.

¿Por qué entonces la rama catalana del cante ha permanecido oculta tanto tiempo? Según el historiador, la doble discriminación que sufrieron los gitanos catalanes a lo largo de los años – por el hecho de ser gitanos y por ser catalanes, desde la pragmática de Medina del Campo que firmaron los Reyes Católicos en 1499 hasta la dictadura franquista – provocó que guardasen ese repertorio para sí.

La represión franquista acabó de hundir ese legado artístico de Catalunya. La dictadura prohibió el catalán y además utilizó el flamenco andaluz como unificador de la cultura española, lo folklorizó. “Esto ha hecho que aún hoy parte de la sociedad rechace el flamenco y lo relacione con el franquismo”, afirma Lluís Cabrera, director del Taller de Músics, que apoya la hipótesis de Ponsa.

El flamenco catalán quedó oculto en el seno de las familias y hasta hace poco no ha vuelto a aflorar. En el año 2003 Ponsa encontró unos manuscritos de un patriarca gitano de Lleida, l’Oncle Àngel, que, según cuentan, era primo segundo del abuelo de Peret. L’Oncle Àngel, seguidor de Macià que estuvo a punto de ser ejecutado tras la Guerra Civil, escribió en ortografía natural – tal como hablaba – su repertorio familiar. Se trata de los primeros documentos escritos del cante catalán. Entre los temas destacan varios palos del flamenco.

Las canciones de l’Oncle Àngel se adaptaron con la ayuda de gitanos viejos de Lleida y se recopilaron en el disco “Rumberes dels Garrotan” junto con otros temas tradicionales, como “L’herba bona”, que comienza: L’herba bona se cria / se cria pels artorsés / Jo també me criaria / als braços de la muller.

A raíz de ahí se descubrieron otras composiciones. Toda la información se ha plasmado también en el documental “Cartes de l’Oncle Àngel”, que ha producido Ramon Vallès. “Lo más interesante es que cada vez descubrimos más flamenco tradicional, tenemos más canciones y preparamos un segundo documental”, explica Vallès.

La segunda fase de la investigación se centra en el cante de Barcelona. Por ahora han identificado un tema, “El meu barri de Plaça Espanya”, que ha interpretado para ellos el cantaor Joan Clota, El Nen, de la comunidad gitana del barrio Hostafrancs. Mediante análisis de texto ponsa averigua si se trata de composiciones modernas o no. En este caso, la composición data como mínimo de la década de 1940, pues menciona a Caracol y Lola Flores. A finales de noviembre el equipo se dirigirá también a Perpiñán, donde algunas familias gitanas les mostrarán piezas de cante y baile.

Las referencias históricas del flamenco tradicional catalán son, sin embargo, más antiguas que los manuscritos de l’Oncle Àngel, que datan de finales de 1960. En el siglo XIX, Prospèr de Mérimée escribía en su libro “Viajes por España”: “Pero no estoy en España y seguramente a mil leguas de Andalucía, aunque haya en esta tierra gitanos y guitarras (…). Ayer vinieron a invitarme a una tertulia con motivo del alumbramiento de una gitana… había tres guitarras, y cantamos en caló y en catalán. La reunión la componían cinco gitanas, una de ellas bastante guapa, y otros tantos hombres de la misma raza; los demás eran catalanes, ladrones – supongo – o chalanes, que viene a ser lo mismo. Nadie hablaba en español y apenas entendían el que yo hablaba. Intercambiamos algunas ideas en caló que agradaban mucho a la honorable compañía. “És dels nostres, decían”. Y continúa: “Las canciones, que me eran ininteligibles, tenían el mérito de recordarme Andalucía.”

En esta línea, el autor catalán Juli Vallmitjana publicó en 1908 la novela “Sota Montjuïc”, en la que describe también el repertorio flamenco de los gitanos de Barcelona, del que menciona dos palos: los tangos y la farruca. Las canciones que describía estaban escritas en caló.

Aún así, hay controversia entre los que defienden la existencia del flamenco tradicional catalán y los que no, como el propio Peret. Lluís Cabrera explica en el documental que es normal que haya un cante catalán, ya que todas las provincias bañadas por el Mediterráneo, han mantenido contacto de forma histórica, también en el tema artístico. A partir de la misma raíz nacieron las diferentes ramas del flamenco, cada una con sus influencias, opina. “Todavía hemos de investigar más y comprobar hasta qué punto el flamenco catalán estuvo influenciado por el que se publicaba en castellano”, añade Ponsa. Para ello deberán ampliar el repertorio recuperado, algo que no es fácil porque los gitanos catalanes tienen “muy interiorizado que esas canciones pertenecen al ámbito privado y les cuesta mostrarlo”, afirma Vallès. El esfuerzo vale la pena, dicen los impulsores de la iniciativa, porque rescatan una parte olvidada de la cultura catalana, replantean la historia del flamenco y cuestionan la homogeneidad fingida.
La búsqueda del cante tradicional catalán se extiende de Lleida a Perpiñán y Barcelona

Qué difícil es imaginar el flamenco, tan identificado con Andalucía, como parte de la cultura tradicional catalana. La investigación que desarrolla desde hace más de diez años el historiador Manel Ponsa apunta, sin embargo, en esta dirección. Tarantas, rondeñas, farrucas y tangos compuestos en catalán o caló se cantaban ya, como mínimo, en el siglo XIX. “Se trata de composiciones que forman parte del repertorio íntimo de algunas familias gitanas catalanas, asentadas en el territorio desde hace casi 600 años, y que poco a poco vamos descubriendo”, dice Ponsa.

Con la ayuda de Antonio Salazar, presidente de la Unión Gitana de Lleida, y de Ramon Vallès, productor musical y audiovisual, desempolvaron primero canciones de Lleida y Figueres. Recientemente han encontrado también temas en Barcelona y Perpiñán.

Si ya ha quedado claro que existe rumba histórica en catalán anterior a la Guerra Civil –y por lo tanto, también a Peret, que se autoproclama el inventor de la rumba catalana-, el equipo que encabeza Ponsa se encarga ahora de sacar a la luz el flamenco tradicional que ha nacido entre el Mediterráneo y el Ebro. Y es que la cultura catalana “es más compleja de lo que nos han hecho creer”, dice.

Los gitanos llegaron a la península Ibérica en la primera mitad del siglo XV. En 1425 el rey Alfonso de Aragón firmó un salvoconducto de bienvenida al pueblo gitano que les permitía moverse con libertad por todo el territorio de la antigua corona. Desde el noroeste, se extendieron por la Península, con mayor presencia en Andalucía. Pero buena parte de ellos se quedó en Catalunya. Estos sólo hablaban en catalán y caló hasta principios del siglo XX.

Aunque los gitanos no trajeron el flamenco consigo, sí que contribuyeron de forma especial a su gestación. Las bases musicales ya estaba en la Península y los gitanos las asimilaron y pusieron su esencia. Ponsa trabaja con la hipótesis de que en alguna parte del camino evolutivo de esta música, el flamenco catalán se desligó del andaluz y evolucionó en paralelo, desmintiendo la idea de que el flamenco llegó por primera vez a Catalunya de la mano de los inmigrantes andaluces de la década de 1950 y 1960.

¿Por qué entonces la rama catalana del cante ha permanecido oculta tanto tiempo? Según el historiador, la doble discriminación que sufrieron los gitanos catalanes a lo largo de los años – por el hecho de ser gitanos y por ser catalanes, desde la pragmática de Medina del Campo que firmaron los Reyes Católicos en 1499 hasta la dictadura franquista – provocó que guardasen ese repertorio para sí.

La represión franquista acabó de hundir ese legado artístico de Catalunya. La dictadura prohibió el catalán y además utilizó el flamenco andaluz como unificador de la cultura española, lo folklorizó. “Esto ha hecho que aún hoy parte de la sociedad rechace el flamenco y lo relacione con el franquismo”, afirma Lluís Cabrera, director del Taller de Músics, que apoya la hipótesis de Ponsa.

El flamenco catalán quedó oculto en el seno de las familias y hasta hace poco no ha vuelto a aflorar. En el año 2003 Ponsa encontró unos manuscritos de un patriarca gitano de Lleida, l’Oncle Àngel, que, según cuentan, era primo segundo del abuelo de Peret. L’Oncle Àngel, seguidor de Macià que estuvo a punto de ser ejecutado tras la Guerra Civil, escribió en ortografía natural – tal como hablaba – su repertorio familiar. Se trata de los primeros documentos escritos del cante catalán. Entre los temas destacan varios palos del flamenco.

Las canciones de l’Oncle Àngel se adaptaron con la ayuda de gitanos viejos de Lleida y se recopilaron en el disco “Rumberes dels Garrotan” junto con otros temas tradicionales, como “L’herba bona”, que comienza: L’herba bona se cria / se cria pels artorsés / Jo també me criaria / als braços de la muller.

A raíz de ahí se descubrieron otras composiciones. Toda la información se ha plasmado también en el documental “Cartes de l’Oncle Àngel”, que ha producido Ramon Vallès. “Lo más interesante es que cada vez descubrimos más flamenco tradicional, tenemos más canciones y preparamos un segundo documental”, explica Vallès.

La segunda fase de la investigación se centra en el cante de Barcelona. Por ahora han identificado un tema, “El meu barri de Plaça Espanya”, que ha interpretado para ellos el cantaor Joan Clota, El Nen, de la comunidad gitana del barrio Hostafrancs. Mediante análisis de texto ponsa averigua si se trata de composiciones modernas o no. En este caso, la composición data como mínimo de la década de 1940, pues menciona a Caracol y Lola Flores. A finales de noviembre el equipo se dirigirá también a Perpiñán, donde algunas familias gitanas les mostrarán piezas de cante y baile.

Las referencias históricas del flamenco tradicional catalán son, sin embargo, más antiguas que los manuscritos de l’Oncle Àngel, que datan de finales de 1960. En el siglo XIX, Prospèr de Mérimée escribía en su libro “Viajes por España”: “Pero no estoy en España y seguramente a mil leguas de Andalucía, aunque haya en esta tierra gitanos y guitarras (…). Ayer vinieron a invitarme a una tertulia con motivo del alumbramiento de una gitana… había tres guitarras, y cantamos en caló y en catalán. La reunión la componían cinco gitanas, una de ellas bastante guapa, y otros tantos hombres de la misma raza; los demás eran catalanes, ladrones – supongo – o chalanes, que viene a ser lo mismo. Nadie hablaba en español y apenas entendían el que yo hablaba. Intercambiamos algunas ideas en caló que agradaban mucho a la honorable compañía. “És dels nostres, decían”. Y continúa: “Las canciones, que me eran ininteligibles, tenían el mérito de recordarme Andalucía.”

En esta línea, el autor catalán Juli Vallmitjana publicó en 1908 la novela “Sota Montjuïc”, en la que describe también el repertorio flamenco de los gitanos de Barcelona, del que menciona dos palos: los tangos y la farruca. Las canciones que describía estaban escritas en caló.

Aún así, hay controversia entre los que defienden la existencia del flamenco tradicional catalán y los que no, como el propio Peret. Lluís Cabrera explica en el documental que es normal que haya un cante catalán, ya que todas las provincias bañadas por el Mediterráneo, han mantenido contacto de forma histórica, también en el tema artístico. A partir de la misma raíz nacieron las diferentes ramas del flamenco, cada una con sus influencias, opina. “Todavía hemos de investigar más y comprobar hasta qué punto el flamenco catalán estuvo influenciado por el que se publicaba en castellano”, añade Ponsa. Para ello deberán ampliar el repertorio recuperado, algo que no es fácil porque los gitanos catalanes tienen “muy interiorizado que esas canciones pertenecen al ámbito privado y les cuesta mostrarlo”, afirma Vallès. El esfuerzo vale la pena, dicen los impulsores de la iniciativa, porque rescatan una parte olvidada de la cultura catalana, replantean la historia del flamenco y cuestionan la homogeneidad fingida.

Maite Gutiérrez, La Vanguardia
 
 
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